Cuidados Paliativos

Por Prof.Lic. Gabriela I. Santiago

«Los que sufren no son los cuerpos; son las personas». Eric Casell.

cuidados paliativos

La creciente importancia que vienen presentando los Cuidados Paliativos en los últimos tiempos, tiene relación  a varios procesos:
- Evolución demográfica, con una tendencia al envejecimiento poblacional, debida  a una mayor esperanza de vida con disminución de las tasas de natalidad y mortalidad.
- Imparable avance de la medicina y la técnica, que en ocasiones va más allá de la ética.
-Este envejecimiento cursa con una mayor probabilidad de padecimiento de enfermedades crónicas, relacionadas con el aumento de edad en su mayoría.

Es importante considerar en esta temática, cómo ha ido cambiando el comportamiento del hombre ante la muerte, para comprender la relación del hombre ante estas enfermedades.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su reporte del año 1990, define a los cuidados paliativos como: “el cuidado total, activo y continuado de los pacientes y sus familias por un equipo multiprofesional cuando la expectativa médica no es la curación. El control del dolor y de otros síntomas y de problemas psicológicos, sociales y espiritual es primordial”.
“Paliativa” proviene del vocablo latino pallium que significa manta o cubierta. Esto quiere decir que si la enfermedad no puede ser curada, los síntomas son “tapados” o “cubiertos” con tratamientos específicos.

Por medio de la resolución 1253 – E/2016, el Ministerio de Salud de la Nación creó el Programa Nacional de Cuidados Paliativos en la órbita del Instituto Nacional del Cáncer (INC), con la finalidad de garantizar el acceso a los cuidados paliativos a los pacientes oncológicos en todas las fases de la enfermedad.

Como lo establece la Asociación Americana de Cáncer, el cuidado paliativo o de apoyo se proporciona a lo largo de la experiencia con el cáncer siempre que la persona presente síntomas que requieran ser controlados. Esta atención se puede ofrecer desde el momento del diagnóstico hasta el fin de la vida y es apropiada en personas de cualquier edad y con cualquier enfermedad grave, independientemente de su etapa.

En contraste con el dolor, el sufrimiento puede ser comprendido como la experiencia que resulta en daño a toda la persona. Las intervenciones farmacológicas y otras, poco modifican la intensidad de esta angustia y no alivian la herida abierta en el corazón de esa experiencia.

Es importante pensar en dos términos relacionados a los Cuidados Paliativos, que no significan lo mismo, ellos son: enfermo terminal y enfermo moribundo:

Enfermo terminal: es aquel que se halla en situación incurable, irreversible, pero que puede mantener una calidad  de vida, todavía aceptable y hasta expectativas más o menos largas.

Moribundo: es un enfermo en el que prevemos el desenlace en cuestión de horas o días.

Se calcula que en Argentina menos del 10% de la población que requiere la asistencia paliativa, la está recibiendo. La estimación indica que 3 de cada 200 adultos padecen en el país una enfermedad con pronóstico de vida limitado.

Hay muchos estudios que demuestran los beneficios del cuidado paliativo:
Los pacientes que recibieron cuidado paliativo en hospitales pasaron menos tiempo en unidades de cuidados intensivos y tuvieron menos probabilidades de ser readmitidos al hospital, después de regresar a sus casas.
Tienen síntomas menos severos.
Tienen una mejor calidad de vida, menos dolor, menos dificultad para respirar, menos depresión y menos náuseas.
La atención médica que se les ofrece tiende a ajustarse mejor con sus valores, metas y preferencias.
Aumenta la responsabilidad del paciente hacia su tratamiento y su vida en general y por ello aumenta su autonomía.
 Sus familias también se sienten más satisfechas.
Una asistencia paliativa temprana reduce las hospitalizaciones innecesarias y el uso de los servicios de salud.

La  implementación de los principios del modelo médico nos indican que el dolor puede ser evaluado, tratado, y en la mayoría de los casos aliviado y controlado.
Esta forma de tratamiento, se asocia a una combinación de cuidados eficientes y ayuda humanizada que facilita establecer un espacio seguro, interno, para que el paciente se encuentre. El proceso se facilita más si los cuidadores han encontrado ellos mismos sus propios caminos de encuentro interior en sus experiencias de sufrimiento.