Malas noticias

Por Prof. Lic. Gabriela I. Santiago


Podemos definir la ”mala noticia” como aquella que drástica y negativamente altera la propia perspectiva del paciente, o sus familiares, en relación con su futuro. El resultado es un desarreglo emocional o de comportamiento que persiste un tiempo después de que la mala noticia es recibida. En las memorias del ciclista Lance Armstrong, el día en que recibió la noticia de que padecía un cáncer testicular metastático dijo: «Yo salí de casa esa mañana del 2 de octubre de 1996 siendo una persona y regresé siendo otra muy distinta”.
Recibir un diagnóstico de una enfermedad grave implica habitualmente un efecto inicial catastrófico y traumático para quien lo recibe. El impacto recala en las expectativas del futuro que empiezan a desmoronarse, en los proyectos que se tenían y que comienzan a perder realidad y sentido.
Los problemas emocionales pueden ser respuestas normales o adaptativas frente a estos eventos traumáticos, pero deben ser abordados para la prosecución del bienestar y el mejor manejo sintomático.
Llegando al final de la vida estas necesidades se intensifican, ya que nada puede posponerse. Todo adquiere la urgencia de lo definitivo y ello puede generar un gran sufrimiento si aquéllas no son identificadas y atendidas.

Teniendo  en cuenta que no existe una fórmula de comunicarlas, Walter F. Baile y Robert Buckman escribieron un Protocolo que  consta de 6 pasos:

1- Preparar para la entrevista: saber detalles de la historia clínica (diagnóstico, tratamiento, pronóstico). Tener en claro qué se va  a decir. Elegir un lugar cómodo y privado. Invitar a algún familiar, si el paciente quiere. El humor mejora la comunicación y disminuye la tensión.
2- Descubrir qué sabe el paciente: antes de hablar, preguntar. Considere la posibilidad de pedir ayuda al equipo de psicología.
3- Reconocer cuánto quiere saber el paciente: concordar entre lo que tenemos que decirle, con lo que él quiere o puede saber por ahora. Algunas preguntas para indicar el camino a seguir.
4- Comunicar la información al paciente, sin quitar a esperanza: hacerlo de a acuerdo al nivel cultural e intelectual del paciente. A veces conviene hacer una frase introductoria como: “Me temo que los resultados no son los que esperábamos”. Brinde la información por partes y de a poco, observando cómo reacciona. Para evitar una equivocada interpretación, pregunte varias veces si se entendió, si hay preguntas para hacer.
5- Responder a sus reacciones: hay  tantos tipos de reacciones, como pacientes. Por eso es muy importante poder conocer al paciente, para poder identificar los tipos de reacciones. Preguntarse: ¿La reacción es socialmente aceptable?, ¿Es una manera de adaptación o no?, ¿Es modificable?
6- Diseñar un plan estratégico a seguir: la capacidad de ayudar a organizar y dar una solución al problema del paciente, es lo que distingue a un profesional de un amigo bien intencionado. Los dos objetivos fundamentales de esta etapa son: demostrar al paciente que usted está de su lado y elaborar, un plan terapéutico a seguir

Algunas intervenciones posibles para realizar con los pacientes:
​ -Escucha activa y atenta para lograr un mejor diálogo y vínculo empático con el paciente.
​ -Escucha y orientación a la familia o entorno próximo.
​ -Favorecer el sostenimiento de una esperanza realista.
​ -Legitimación de las emociones “difíciles” (tristeza, miedo, ira), que habitualmente son propias del proceso adaptativo y en sí mismas no implican un estado psicopatológico.  
-Disminución del umbral de frustración mediante el ajuste entre las expectativas y la realidad.


El desafío es, entonces, armar una vida entre la incerti­dumbre por el futuro y la certeza de la realidad que plan­tea la enfermedad. Construir un camino sobre la base de un nuevo conocimiento, pero que de ninguna ma­nera puede limitarse al hecho de que se está enfermo.

enfermo

No se trata ya de preservar la vida a cualquier precio sino de aliviar en lo posible el sufrimiento y tratar de conservar la vida que, a juicio del enfermo, merezca ser vivida.